Una hipoteca puede durar 20, 25 o incluso 30 años, y durante ese tiempo es normal que cambien tanto las condiciones del mercado como la situación económica del propietario. Por eso, una hipoteca que parecía adecuada cuando se contrató puede dejar de ser tan competitiva unos años después. En estos casos, refinanciar la hipoteca puede ser una alternativa para intentar mejorar sus condiciones, reducir la cuota o adaptar el préstamo a una nueva realidad financiera.

Sin embargo, refinanciar no siempre significa ahorrar dinero. Antes de tomar una decisión, es fundamental calcular los costes de la operación y comparar el ahorro potencial con todos los gastos asociados.

¿Qué significa refinanciar una hipoteca?

Refinanciar una hipoteca consiste, en términos generales, en modificar las condiciones de la financiación existente o sustituirla por una nueva operación que permita conseguir unas condiciones diferentes.

Dependiendo del caso, puede implicar negociar con el mismo banco, cambiar de entidad o modificar determinados elementos del préstamo.

Entre los objetivos más habituales se encuentran conseguir un tipo de interés más competitivo, reducir la cuota mensual, cambiar el plazo, pasar de un tipo variable a uno fijo o modificar determinadas condiciones del contrato.

No obstante, cada alternativa tiene sus propios costes y requisitos.

¿Cuándo puede tener sentido refinanciar?

Una de las situaciones más habituales se produce cuando las condiciones actuales de tu hipoteca son claramente peores que las que puedes conseguir en el mercado.

Por ejemplo, si contrataste una hipoteca cuando los tipos eran considerablemente más elevados y actualmente puedes acceder a una oferta mejor, puede ser interesante estudiar cuánto ahorrarías.

Pero no debes fijarte únicamente en la diferencia del tipo de interés.

Imagina que te quedan 150.000 euros por pagar y puedes reducir el interés en un punto porcentual. El ahorro potencial puede parecer importante, pero si la operación implica comisiones, gastos y otros productos vinculados, el beneficio real podría ser menor.

Por eso, hay que calcular el coste total antes y después de la refinanciación.

Refinanciar para reducir la cuota

Otra razón para modificar una hipoteca puede ser reducir el importe de la cuota mensual.

Esto puede conseguirse, dependiendo de las condiciones, mediante una reducción del tipo de interés o ampliando el plazo de devolución.

Por ejemplo, si actualmente pagas una cuota de 1.000 euros y amplías el plazo, podrías conseguir una cuota inferior.

Pero existe una contrapartida importante: alargar el plazo normalmente significa pagar intereses durante más tiempo, por lo que el coste total del préstamo puede aumentar.

Por eso, una cuota mensual más baja no significa necesariamente que la hipoteca sea más barata.

¿Y si quieres reducir el plazo?

La refinanciación también puede utilizarse para modificar el plazo de la hipoteca.

Si tus ingresos han aumentado desde que contrataste el préstamo, quizá puedas asumir una cuota superior y terminar de pagar antes.

Reducir el plazo puede permitirte pagar menos intereses a largo plazo, aunque tendrás que afrontar una cuota mensual mayor.

Esta estrategia puede ser interesante para personas con suficiente margen económico que quieran reducir su deuda más rápidamente.

Cambiar de hipoteca variable a fija

Otra situación en la que puede tener sentido estudiar una refinanciación es cuando tienes una hipoteca variable y quieres reducir la incertidumbre sobre tus cuotas.

Pasar a un tipo fijo puede proporcionar una cuota más previsible, aunque el tipo ofrecido y los costes de la operación determinarán si realmente compensa.

También puede ocurrir el escenario contrario: alguien con una hipoteca fija puede plantearse modificarla si las condiciones actuales del mercado permiten acceder a una alternativa que considere más favorable.

En ambos casos, es necesario analizar el coste de cambiar y no tomar la decisión únicamente por las expectativas sobre los tipos de interés.

Novación: negociar con tu propio banco

Una de las vías para modificar una hipoteca es la novación.

Consiste en negociar con la entidad que ya tiene concedido el préstamo determinados cambios en las condiciones.

Dependiendo de lo que se acuerde y de las circunstancias, pueden modificarse elementos como el tipo de interés, el plazo o determinadas condiciones del préstamo.

Una ventaja de estudiar primero esta opción es que no necesariamente tienes que cambiar de banco.

Sin embargo, la entidad debe aceptar las modificaciones solicitadas y las condiciones concretas deben quedar correctamente formalizadas.

Subrogación: cambiar de banco

Otra posibilidad es la subrogación hipotecaria, mediante la cual puedes trasladar determinados aspectos de tu préstamo a otra entidad en los supuestos previstos legalmente.

Esta opción puede resultar interesante cuando otro banco ofrece unas condiciones significativamente mejores.

Pero nuevamente hay que comparar todos los costes.

Una oferta con un interés inferior no siempre será más económica si exige determinados productos vinculados, comisiones o gastos adicionales.

¿Qué costes debes tener en cuenta?

Antes de refinanciar, analiza cuidadosamente:

* Posible comisión por modificación o cambio.

* Gastos de formalización que correspondan.

* Coste de la tasación, si procede.

* Seguros vinculados.

* Productos adicionales exigidos por la nueva entidad.

* Posibles costes relacionados con la cancelación de la hipoteca anterior.

* Diferencia entre la cuota actual y la nueva.

* Intereses totales que pagarás.

* Tiempo necesario para recuperar los costes de la operación.

El objetivo es calcular el punto de equilibrio: cuánto tiempo tardarás en recuperar mediante el ahorro los gastos que hayas tenido que asumir para realizar el cambio.

Un ejemplo sencillo

Supongamos que tienes una hipoteca con una cuota de 950 euros y encuentras una alternativa que permite reducirla a 850 euros.

El ahorro sería de 100 euros al mes, es decir, 1.200 euros al año.

Si refinanciar cuesta 4.000 euros, necesitarías más de tres años para recuperar ese coste mediante el ahorro mensual, sin tener en cuenta otros factores.

Por tanto, si tienes previsto vender la vivienda dentro de un año, quizá no compense. Si tienes intención de mantenerla durante muchos años, la operación podría resultar más interesante.

El tiempo que piensas mantener la hipoteca es fundamental para tomar la decisión.

No confundas reducir cuota con ahorrar

Este es uno de los errores más frecuentes.

Supongamos que amplías el plazo de 20 a 30 años. La cuota mensual puede reducirse considerablemente, pero pagarás intereses durante diez años adicionales.

Por eso, antes de aceptar una refinanciación, compara dos cifras diferentes:

Cuánto pagarás cada mes.

Cuánto pagarás en total hasta terminar la hipoteca.

La segunda cifra es especialmente importante para saber si realmente estás ahorrando.

¿Cuándo puede no compensar?

Refinanciar puede no tener sentido cuando la diferencia entre las condiciones actuales y las nuevas es muy pequeña.

Tampoco suele ser interesante si quedan pocos años para terminar de pagar la hipoteca y los costes de la operación tardarán demasiado en recuperarse.

Además, si la nueva oferta exige numerosos productos vinculados, debes incorporar su coste al cálculo.

La decisión debe basarse siempre en números y no únicamente en la publicidad de una nueva oferta.

Conclusión

Refinanciar tu hipoteca puede ser una herramienta útil para mejorar las condiciones del préstamo, reducir la cuota, cambiar de tipo de interés, modificar el plazo o adaptarlo a una nueva situación económica.

Sin embargo, no siempre significa ahorrar dinero.

Antes de tomar una decisión, compara tu hipoteca actual con las nuevas condiciones y calcula el coste total de ambas opciones. Analiza las comisiones, productos vinculados, intereses, plazo y todos los gastos asociados.

También puedes estudiar primero una novación con tu banco y después comparar esa propuesta con las ofertas de otras entidades mediante una posible subrogación.

La clave está en no dejarse llevar únicamente por una cuota mensual más baja o por un tipo de interés aparentemente atractivo. Una refinanciación solo tiene verdadero sentido cuando el ahorro o la mejora de condiciones compensa los costes de realizar el cambio y se adapta a tus objetivos financieros a largo plazo.

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