Antes de solicitar una hipoteca, una de las preguntas más importantes que debes responder es cuánto puedes pagar cómodamente cada mes. Sin embargo, muchas personas calculan su capacidad de endeudamiento de forma demasiado sencilla: miran sus ingresos, restan la cuota de la hipoteca y comprueban si queda dinero suficiente para llegar a fin de mes.

El problema es que una hipoteca puede durar 20, 25 o incluso 30 años, y durante ese tiempo tus ingresos, gastos y circunstancias personales pueden cambiar. Por eso, calcular correctamente la capacidad de endeudamiento no consiste únicamente en saber qué cuota podría aprobar un banco, sino en determinar qué cuota puedes asumir de manera sostenible sin poner en riesgo tus finanzas.

¿Qué es la capacidad de endeudamiento?

La capacidad de endeudamiento es la cantidad de deuda que puedes asumir teniendo en cuenta tus ingresos, gastos y otras obligaciones financieras.

Los bancos utilizan diferentes criterios para analizar la solvencia de un cliente, pero tú también deberías realizar tu propio cálculo antes de solicitar financiación.

Una cuestión importante es diferenciar entre lo que el banco está dispuesto a prestarte y lo que realmente puedes permitirte pagar.

Que una entidad apruebe una determinada cuota no significa necesariamente que esa cuota sea adecuada para tu economía familiar.

Error 1: mirar solo los ingresos

Uno de los errores más frecuentes es calcular la capacidad de endeudamiento únicamente a partir del salario.

Por ejemplo, una persona puede cobrar 2.500 euros al mes y pensar que tiene margen suficiente para asumir una cuota de 800 euros.

Pero ¿qué ocurre si tiene un préstamo del coche, tarjetas, gastos familiares, seguros, alimentación, transporte y otros pagos?

La capacidad real depende de los ingresos disponibles después de tener en cuenta las obligaciones y gastos habituales.

Error 2: olvidar otras deudas

Antes de solicitar una hipoteca, revisa todos tus préstamos actuales.

Un crédito personal, un préstamo para comprar un vehículo o determinadas líneas de financiación pueden afectar a tu capacidad para asumir una nueva deuda.

Incluso si las cuotas son relativamente pequeñas, al acumular varios pagos mensuales pueden reducir considerablemente tu margen financiero.

Por eso, haz una lista de todas tus deudas y anota:

* Capital pendiente.

* Cuota mensual.

* Tipo de interés.

* Plazo restante.

* Fecha aproximada de finalización.

Esto te permitirá conocer tu situación real.

Error 3: calcular la hipoteca con el presupuesto «ideal»

Otro error es utilizar un presupuesto demasiado optimista.

Quizá actualmente gastes muy poco porque vives con tus padres, compartes vivienda o tienes pocos gastos familiares.

Pero comprar una casa puede cambiar completamente tu estructura de gastos.

Tendrás que considerar elementos como comunidad, mantenimiento, seguros, impuestos, suministros y posibles reparaciones.

Por eso, el cálculo debe hacerse pensando en el escenario posterior a la compra, no únicamente en tu situación actual.

Error 4: olvidar los gastos de la vivienda

La cuota hipotecaria no es el único coste de ser propietario.

Una vivienda puede generar gastos periódicos y extraordinarios.

Entre ellos pueden encontrarse:

* Comunidad de propietarios.

* Seguro.

* Mantenimiento.

* Reparaciones.

* Impuestos.

* Suministros.

* Gastos de gestión, cuando correspondan.

* Derramas extraordinarias.

Una cuota hipotecaria de 700 euros puede parecer asumible, pero si después debes añadir otros 200 o 300 euros de costes mensuales, la situación cambia.

Error 5: utilizar todos los ahorros para comprar

Otro error frecuente es destinar prácticamente todos los ahorros a la entrada de la vivienda.

Después de firmar la hipoteca, puedes quedarte sin colchón financiero.

Esto es especialmente arriesgado porque una vivienda puede necesitar reparaciones inesperadas o puedes atravesar un periodo de menores ingresos.

Por eso, además de calcular cuánto necesitas para comprar, es importante conservar una reserva de emergencia.

Error 6: pensar que el sueldo siempre será igual

Una hipoteca puede durar décadas.

Durante ese periodo pueden producirse cambios laborales, familiares o económicos.

Tus ingresos pueden aumentar, pero también pueden disminuir.

Por eso, no es recomendable calcular la cuota suponiendo que tu salario siempre crecerá.

Es más prudente comprobar si podrías continuar pagando la hipoteca ante una reducción temporal de ingresos.

Error 7: no calcular escenarios de subida de tipos

Este error es especialmente importante en las hipotecas variables.

Una cuota determinada hoy puede cambiar en el futuro dependiendo de la evolución del índice de referencia y de las condiciones de la hipoteca.

Antes de contratarla, realiza diferentes simulaciones.

Por ejemplo:

¿Qué ocurriría si la cuota aumentara 100 euros al mes?

¿Y si aumentara 250 euros?

Si tu presupuesto no puede absorber una subida razonable, quizá estés asumiendo demasiado riesgo.

Error 8: pensar que el alquiler o los ingresos extra están garantizados

Si compras una vivienda para alquilar, no deberías calcular la capacidad de endeudamiento suponiendo que recibirás siempre la misma cantidad.

Puede haber meses sin inquilino, retrasos en los pagos, reparaciones o cambios en el mercado.

Los ingresos variables también deben analizarse con prudencia.

Es mejor utilizar una estimación conservadora que construir el presupuesto sobre el escenario más favorable.

Error 9: fijarse únicamente en la cuota

Una hipoteca con una cuota baja no siempre es la más barata.

Alargar el plazo puede reducir el pago mensual, pero también puede aumentar los intereses totales que pagarás.

Por ejemplo, una hipoteca a 30 años puede parecer más cómoda que una a 20 años porque la cuota es inferior.

Sin embargo, debes comparar cuánto terminarás pagando en cada escenario.

La cuota es importante, pero el coste total también lo es.

Error 10: no tener en cuenta los cambios familiares

Tu capacidad financiera puede cambiar si tienes hijos, reduces jornada laboral, cambias de ciudad o aumentan tus gastos familiares.

Por eso, antes de asumir una deuda a largo plazo, piensa en tus planes de futuro.

No necesitas predecir exactamente qué ocurrirá durante los próximos 30 años, pero sí plantearte diferentes escenarios.

¿Cómo calcular mejor tu capacidad de endeudamiento?

Una forma sencilla de empezar es elaborar un presupuesto realista.

Suma tus ingresos netos mensuales y resta:

1. Gastos básicos.

2. Cuotas de otras deudas.

3. Gastos de vivienda.

4. Seguros.

5. Transporte.

6. Alimentación.

7. Gastos familiares.

8. Ahorro mensual.

9. Un margen para imprevistos.

La cantidad restante representa, de forma aproximada, el margen que tienes para asumir una nueva cuota.

Después, realiza el cálculo con diferentes escenarios para comprobar cómo respondería tu economía.

No confundas capacidad de endeudamiento con máximo aprobado

El banco puede considerar que eres solvente para una determinada cantidad, pero tú puedes decidir que quieres asumir menos deuda.

De hecho, pedir menos de lo máximo que te ofrece la entidad puede ser una decisión financiera inteligente.

Una hipoteca debería permitirte seguir ahorrando y afrontar imprevistos, no obligarte a utilizar prácticamente todos tus ingresos cada mes.

Conclusión

Calcular correctamente tu capacidad de endeudamiento es uno de los pasos más importantes antes de solicitar una hipoteca. El principal error consiste en centrarse únicamente en la cuota que el banco está dispuesto a conceder y olvidar el resto de gastos y posibles cambios económicos.

Tu capacidad real de endeudamiento debe tener en cuenta tus ingresos, deudas, gastos habituales, costes de la vivienda, ahorro y margen de seguridad.

Antes de firmar, realiza diferentes simulaciones: una situación normal, otra con mayores gastos y, si contratas una hipoteca variable, otra con una cuota más elevada.

La mejor hipoteca no es necesariamente aquella que te permite comprar la vivienda más cara, sino la que puedes pagar cómodamente sin renunciar a tu estabilidad financiera y a tu capacidad de ahorro. Tomarte el tiempo necesario para hacer estos cálculos puede evitar que una decisión ilusionante como comprar una vivienda termine convirtiéndose en una fuente de estrés económico.

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