Cuando una persona contrata una hipoteca, normalmente comienza a devolver tanto el capital prestado como los intereses desde las primeras cuotas. Sin embargo, existen situaciones en las que el contrato permite establecer un periodo de carencia de capital. Esta opción puede reducir temporalmente el importe que se paga cada mes, aunque no significa que la deuda desaparezca ni que la vivienda resulte más barata.

La carencia puede ser útil en determinadas circunstancias, pero debe utilizarse con planificación. Antes de solicitarla, es importante comprender cómo afecta a la cuota, al plazo y al coste total de la hipoteca.

¿Qué es una carencia de capital?

La carencia de capital es un periodo durante el cual el titular de la hipoteca deja temporalmente de amortizar el principal del préstamo.

Durante ese tiempo, normalmente se siguen pagando los intereses correspondientes, mientras que el capital pendiente permanece sin reducirse en la misma medida que durante un periodo normal de amortización.

Por ejemplo, si tienes una hipoteca y acuerdas una carencia de capital durante 12 meses, durante ese periodo puedes pagar principalmente los intereses, mientras que la devolución del capital queda temporalmente aplazada.

Es importante diferenciar esta modalidad de una carencia total, en la que pueden existir condiciones diferentes y en la que incluso pueden aplazarse determinados pagos. Las condiciones concretas dependen siempre del contrato y de lo que se acuerde con la entidad.

¿Cómo funciona?

Imaginemos una hipoteca de 200.000 euros.

En un periodo normal, cada cuota incluye una parte destinada a pagar intereses y otra destinada a reducir el capital pendiente.

Si se establece una carencia de capital, durante el periodo acordado la parte destinada a amortizar principal puede quedar suspendida.

Esto puede provocar una reducción significativa de la cuota mensual, pero la deuda no desaparece.

Cuando termina la carencia, tendrás que continuar amortizando el capital pendiente conforme al nuevo calendario establecido.

¿Por qué puede ser interesante?

La principal ventaja es conseguir un alivio temporal de la cuota.

Puede resultar útil cuando estás atravesando una situación económica puntual que reduce tu capacidad de pago.

Por ejemplo, puede estudiarse en situaciones como:

* Una reducción temporal de ingresos.

* Un periodo de desempleo.

* El inicio de una actividad profesional.

* Una reforma importante de la vivienda.

* Un periodo de transición entre dos viviendas.

* Una situación familiar que incremente temporalmente los gastos.

La clave está en que el problema económico sea temporal y exista una previsión razonable de recuperación.

La carencia no elimina la deuda

Este es probablemente el concepto más importante.

Si durante un año no amortizas capital, seguirás debiendo ese capital al banco.

La carencia simplemente modifica temporalmente la forma en la que se devuelve el préstamo.

Por eso, no debería considerarse una solución definitiva a una situación de sobreendeudamiento.

Si tus ingresos no son suficientes para afrontar la hipoteca incluso después del periodo de carencia, aplazar la amortización puede simplemente retrasar el problema.

¿Se pagan intereses durante la carencia?

En una carencia de capital, lo habitual es que continúes pagando los intereses conforme a las condiciones acordadas.

Por ejemplo, si el capital pendiente es elevado, los intereses pueden seguir representando una cantidad importante.

Además, como durante el periodo de carencia no reduces el principal de la misma manera, al finalizar este periodo puede quedar una cantidad de capital superior a la que tendrías si hubieras continuado amortizando normalmente.

Por ello, la carencia puede aumentar el coste total de la financiación.

¿Qué ocurre cuando termina la carencia?

Una vez finalizado el periodo acordado, comienza nuevamente la amortización del capital.

Dependiendo de las condiciones pactadas, pueden darse diferentes situaciones.

Puede mantenerse la fecha final original y aumentar la cuota posterior para recuperar el calendario de amortización.

También puede ampliarse el plazo total del préstamo, si el banco acepta esta modificación.

Por eso, antes de aceptar una carencia debes preguntar claramente:

¿Cuánto pagaré durante la carencia y cuánto pagaré después?

La respuesta te permitirá conocer el verdadero impacto económico de la operación.

Ejemplo práctico

Supongamos que tienes una hipoteca de 180.000 euros y atraviesas un periodo de dificultades económicas durante seis meses.

Solicitas una carencia de capital durante ese periodo.

Tu cuota mensual puede reducirse porque dejas temporalmente de amortizar principal.

Sin embargo, cuando finalicen los seis meses, tendrás que continuar devolviendo el capital pendiente.

Si el calendario de vencimiento no cambia, la cuota posterior podría ser superior a la que habrías tenido sin carencia.

Este ejemplo demuestra que la carencia puede ser una herramienta para ganar tiempo, pero no para eliminar el coste de la hipoteca.

¿Cuándo puede tener sentido utilizarla?

La carencia puede ser razonable cuando existe una dificultad financiera temporal y tienes una previsión realista de recuperar tu capacidad económica.

Por ejemplo, una persona que está realizando una reforma y sabe que tendrá ingresos adicionales en unos meses podría estudiar esta opción.

También puede ser útil para determinados compradores que necesitan un periodo inicial de adaptación económica.

Sin embargo, siempre debe estudiarse con números.

¿Cuándo puede ser una mala idea?

Puede ser poco recomendable utilizar una carencia cuando el problema económico es estructural.

Si tus ingresos no permiten pagar la hipoteca de forma sostenible, retrasar la amortización no solucionará la causa del problema.

También debes tener cuidado si la carencia supone una ampliación importante del plazo o si existen costes adicionales asociados.

Antes de aceptarla, compara el coste total de mantener la hipoteca normalmente con el coste total después de aplicar la carencia.

¿La carencia se puede solicitar después de contratar la hipoteca?

En determinadas circunstancias puedes negociar una modificación de las condiciones con tu entidad.

Esto puede realizarse mediante una novación hipotecaria, siempre que el banco acepte el cambio y se cumplan las condiciones correspondientes.

No tienes derecho automático a obtener una carencia simplemente porque tu situación económica haya cambiado.

Por eso, si prevés dificultades para afrontar las cuotas, es recomendable contactar con el banco antes de empezar a acumular impagos.

¿Qué debes preguntar al banco?

Antes de aceptar una carencia de capital, solicita información clara sobre:

* Duración del periodo de carencia.

* Cuota durante la carencia.

* Capital que quedará pendiente.

* Nueva cuota después de la carencia.

* Nuevo plazo del préstamo.

* Intereses totales que pagarás.

* Comisiones o gastos de modificación.

* Consecuencias de cancelar anticipadamente.

* Condiciones que deben cumplirse para acceder a ella.

No te limites a preguntar cuánto pagarás durante los meses de carencia. Lo realmente importante es conocer cómo cambiará toda la hipoteca después.

Conclusión

Una hipoteca con carencia de capital puede proporcionar un alivio temporal cuando necesitas reducir tus cuotas durante un periodo determinado, pero no elimina la deuda ni necesariamente reduce el coste de la financiación.

Su utilidad depende de que exista una dificultad económica temporal y de que tengas una estrategia para recuperar posteriormente tu capacidad de pago.

Antes de solicitarla, calcula cuánto pagarás durante la carencia, cuánto aumentará la cuota después y cuánto terminarás pagando en total.

La carencia debe entenderse como una herramienta de planificación financiera, no como una forma de hacer que una hipoteca sea más barata. Si se utiliza correctamente puede ayudarte a superar un periodo puntual de menor liquidez; si se utiliza para ocultar un problema económico permanente, puede terminar aumentando la carga financiera en el futuro.

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